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42. Los análisis de sangre para el estudio de la alergia

Dra. María Luisa Sanz Larruga

Médico especialista en Alergología. Departamento de Alergología e Inmunología Clínica de la Clínica Universidad de Navarra, Pamplona. Profesora titular de Alergología e Inmunología Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra

Dra. María José Goikoetxea Lapresa

Médico especialista en Alergología. Departamento de Alergología de la Clínica Universidad de Navarra, Pamplona. Profesora asociada de Alergología e Inmunología Clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra

¿Qué análisis de sangre o pruebas de laboratorio se realizan habitualmente para estudiar la alergia?

En una reacción alérgica participan distintas células (linfocitos, mastocitos, basófilos, eosinófilos…) y múltiples moléculas, algunas de ellas específicas del alérgeno que desencadena la reacción (anticuerpos o inmunoglobulinas) y otras sustancias que son mediadoras de la respuesta alérgica, comunes para los distintos alérgenos (histamina, triptasa, etc.). Las técnicas de laboratorio disponibles para el diagnóstico de alergia tratan, por una parte, de analizar la respuesta específica, intentando identificar el alérgeno responsable de los síntomas del paciente; y, por otra, de determinar el mecanismo inmunológico de la reacción alérgica.

Dependiendo de la fracción de la sangre en la que se realizan estos análisis, podemos clasificar las técnicas en dos: las técnicas serológicas y las técnicas celulares.

Las técnicas serológicas se realizan en el suero del paciente, es decir, en la fracción sanguínea que queda una vez son retiradas las células y algunas proteínas que intervienen en la coagulación. Esta fracción contiene las inmunoglobulinas o anticuerpos, y otras sustancias denominadas mediadores de la reacción alérgica, tales como la histamina o triptasa, entre otras.

Por otra parte, las técnicas celulares aplicadas al diagnóstico de alergia se realizan utilizando como sustrato el estudio in vitro, las células efectoras de la reacción alérgica aisladas de la sangre periférica del paciente, linfocitos y/o basófilos; y observando su activación tras su estímulo in vitro (en un tubo de ensayo) con el alérgeno sospechoso (veáse tabla 1).

Además, dependiendo de si la reacción alérgica es de tipo inmediato (mediada por IgE), o tardía (mediada por células), tanto los mecanismos inmunológicos como las técnicas de diagnóstico para aplicar in vitro son diferentes.

¿Qué técnicas serológicas existen para diagnosticar la alergia?

Las técnicas serológicas cuantifican las moléculas que se encuentran liberadas en el suero del paciente. Estas moléculas son, por un lado, los mediadores de la alergia; y por otro, las inmunoglobulinas o anticuerpos que desencadenan la reacción.

Los mediadores más frecuentemente analizados en el diagnóstico de la alergia son la triptasa y la histamina, así como factores y enzimas reguladores del complemento.

La triptasa es una sustancia liberada por los mastocitos, células que cuando se activan son capaces de desencadenar la reacción alérgica. La triptasa es capaz de favorecer la inflamación y el broncoespasmo; se eleva en las reacciones alérgicas graves, alcanzando el nivel máximo en la sangre a la hora de la reacción alérgica, y se elimina rápidamente (2 horas), por lo que a las 24 horas de dicha reacción, podemos detectar niveles normales en sangre. Así, unos niveles anormalmente altos en suero que se normalizan a las 24 horas indican que ha ocurrido una reacción de causa alérgica, y es un marcador útil en diagnóstico diferencial de la reacción alérgica frente a otros tipo de reacciones. Por otro lado, la detección en sangre de unos niveles constantemente elevados de triptasa, puede estar relacionada con la presencia de otras enfermedades, tales como una insuficiencia renal o hepática, así como con una mastocitosis sistémica, enfermedad causada por la proliferación de los mastocitos.

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Las técnicas serológicas se realizan en el suero del paciente, es decir, en la fracción sanguínea restante al retirar las células y algunas proteínas que intervienen en la coagulación. (Créditos, F. 149)

La histamina es una sustancia almacenada en los gránulos de los mastocitos y de los basófilos, también células efectoras de la reacción alérgica. La histamina se libera cuando se desencadena la reacción, y origina la inflamación de la reacción alérgica. La determinación de histamina en sangre es una técnica complicada y poco fiable, ya que se degrada muy rápidamente (2 minutos), y son muchos los factores, como determinados alimentos de la dieta o una inadecuada manipulación de la muestra sanguínea, los que pueden inducir elevaciones de concentración de histamina, independientemente de una reacción alérgica. Por este motivo, es una técnica en desuso.

TABLA 1. Análisis de sangre más frecuentemente empleados en el diagnóstico de alergia

Técnicas serológicas

Determinación de mediadores de la respuesta alérgica

  • Triptasa
  • Histamina
  • Factores y enzimas reguladores del complemento

Determinación de inmunoglobulinas (anticuerpos) que desencadenan la reacción alérgica

  • IgE específica
  • IgE total
  • IgG4 específica
  • Microarrays de alérgenos
  • Inmunoblot
  • Precipitinas

Técnicas celulares

Evaluación de la respuesta celular a determinados alérgenos

  • Test de liberación de histamina (TLH)
  • Test de activación de basófilos (TAB)
  • Test de transformación linfocitaria (TTL)

FIGURA 1. Reacción inmediata mediada por IgE

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La determinación de algunos factores y enzimas reguladoras del complemento se lleva a cabo en el estudio del angioedema. Dicha determinación requiere un rápido procesamiento de la muestra.

FIGURA 2. Reacción tardía mediada por células

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Las técnicas serológicas también permiten identificar las inmunoglobulinas o anticuerpos específicos frente a un alérgeno. De hecho, el análisis que más habitualmente se solicita en el diagnóstico de alergia es la determinación de inmunoglobulinas del tipo E (IgE), que median las reacciones alergicas de tipo inmediato; es decir, aquellas que ocurren a los minutos de la exposición al alérgeno. Es posible cuantificar tanto los niveles totales de esta inmunoglobulina, es decir, la IgE total, como las específicas frente a un alérgeno concreto, la IgE específica.

También se pueden cuantificar los niveles de los anticuerpos IgG específicos frente a un alérgeno, e incluso determinado subtipo de anticuerpo como la IgG4, anticuerpo que se eleva en respuesta a la administración de las vacunas de alérgenos, un tratamiento llamado inmunoterapia específica con alérgenos. Es importante tener en cuenta que la elevación de los anticuerpos IgG4 no siempre se relaciona con la mejoría clínica de los pacientes. Se aplica en casos determinados, como en la monitorización de la inmunoterapia en la alergia a venenos de himenópteros (abeja, avispa, abejorro).

En los últimos años se ha comercializado la técnica de microarrays de alérgenos, que posibilita la detección de IgE específica frente a más de cien componentes alergénicos, de forma simultánea, utilizando una pequeña cantidad de suero.

En el ámbito de la investigación, en los casos en los que se encuentre implicado un alérgeno poco frecuente, no disponible en los paneles comerciales, se realiza la técnica de inmunoblot, que consiste en separar las diferentes proteínas que contiene un extracto alergénico, en un gel mediante cargas eléctricas, y enfrentando las proteínas separadas al suero del paciente, para determinar la IgE específica; y caracterizando, de este modo, las fracciones del alérgeno frente a las que un individuo está sensibilizado.

Existe otro tipo de anticuerpos o inmunoglobulinas, denominadas precipitinas por su propiedad de formar precipitados cuando se unen al alérgeno. Estos anticuerpos precipitantes se elevan típicamente en cuadros clínicos como la alveolitis alérgica extrínseca, un tipo de afectación pulmonar por inhalación de alérgenos, que provoca una inflamación de la vía respiratoria periférica (alvéolos) y su tejido adyacente, a diferencia del asma bronquial, en la que el daño se produce en los bronquios.

Excepto las de las precipitinas y el inmunoblot, todas estas técnicas serológicas están actualmente automatizadas.

¿Cómo se realizan las técnicas serológicas para diagnosticar la alergia?

Generalmente consisten en exponer el suero del paciente, que contiene las inmunoglobulinas o los mediadores que queremos cuantificar, a una superficie o una solución que contiene el alérgeno, en el caso de la determinación de IgE específica; o un anticuerpo que reconoce todos los anticuerpos del tipo IgE, en el caso de la determinación de IgE total, o anticuerpos que reconocen mediadores, como la triptasa. Posteriormente, se añade un anticuerpo detector que se une al tipo de anticuerpo que queremos reconocer (como IgE) o a los mediadores (como triptasa), y está marcado con una enzima capaz de transformar una sustancia química en una señal lumínica. La señal lumínica será proporcional a la cantidad de inmunoglobulina o mediadores captados por el sistema de detección. Todas estas técnicas están totalmente automatizadas, estandarizadas y ofrecen resultados altamente reproducibles.

Hoy en día se dispone de un amplio panel de alérgenos para la determinación de la IgE específica frente a pólenes, alimentos, ácaros, hongos o epitelios de animales. Sin embargo, el panel disponible para diagnosticar alergia frente a los medicamentos es aún bastante limitado.

Para la realización de estas determinaciones no es necesario estar en ayunas.

FIGURA 3. Determinación de inmunoglobulinas y mediadores de la reacción alérgica

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¿Qué técnicas celulares existen para diagnosticar la alergia?

Las técnicas celulares que se utilizan en el diagnóstico de la alergia tienen como fundamento enfrentar o estimular in vitro —con el alérgeno sospechoso de la reacción que se produce en el paciente alérgico o reacción in vivo— las células de la sangre periférica del paciente (de fácil accesibilidad, tras una extracción de sangre venosa periférica); lo que se puede considerar una prueba de provocación ex vivo, la cual no implica ningún riesgo para el paciente, y puede, en algunas ocasiones, evitarle la realización de las auténticas pruebas de provocación o de exposición in vivo.

Entre las células efectoras principalmente implicadas en las reacciones alérgicas se encuentran los basófilos en sangre periférica; los mastocitos en piel (responsables de las reacciones de tipo inmediato); los eosinófilos, conectados especialmente con el asma bronquial; y los linfocitos como responsables de las reacciones tardías. Mediante la realización de un análisis de sangre rutinario, se puede detectar la elevación del número de algunas de estas células, como por ejemplo los eosinófilos. Sin embargo, con objeto de detectar la activación celular es preciso valerse de análisis más complejos. La activación de algunas de estas células (aisladas de la sangre del paciente en el laboratorio) con las sustancias sospechosas de haber producido en él la reacción alérgica, permite valorar si ha habido o no una reacción, al tiempo que cuantificar su importancia. Si la reacción ha sido inmediata (en un período de tiempo corto, minutos), se observará la respuesta del basófilo (célula principalmente implicada en este tipo de reacciones); y si por el contrario, la reacción ha sido tardía (más de 24 horas tras la exposición al antígeno), se examinará la respuesta de los linfocitos (células implicadas en el mecanismo inmunopatológico de estas reacciones retardadas).

FIGURA 4. Test de activación de basófilos

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Entre estas técnicas se encuentran el test de liberación de histamina (TLH) y el test de activación de basófilos (TAB), que exploran la reactividad del basófilo tras estímulo antígeno específico in vitro, valorando tanto la liberación de mediadores (TLH), o bien la presencia de unos marcadores especiales o moléculas que sólo se expresan en la membrana de esta célula; como su activación con el antígeno responsable de la reacción alérgica (TAB), y que no se encuentran presentes en la membrana celular cuando ésta está en reposo.

En diferentes estudios realizados en la última década se demuestra que el TAB ofrece interesantes resultados en el diagnóstico de alergia a los medicamentos, donde la determinación de IgE específica sérica es insuficiente. Además, favorece evaluar numerosas sustancias, proteínas o glicoproteínas procedentes de diferentes fuentes alergénicas de sustancias inhalantes, alimentos, fármacos, etc.; o bien otras sustancias como venenos de himenópteros, medicamentos, etc., lo cual abre el abanico de posibilidades para estudiar la alergia in vitro.

El test de transformación linfoblástica (TTL) explora la respuesta del linfocito, como célula responsable de las reacciones tardías, frente a diferentes sustancias. Consiste, igualmente, en enfrentar las células aisladas de la sangre venosa del paciente a las sustancias sospechosas de la reacción clínica: aunque, en este caso, durante períodos prolongados de tiempo (desde 48 horas hasta 7 días), a fin de observar posteriormente la proliferación linfocitaria que ocurre si la respuesta es positiva, y es cuantificable mediante diversos métodos.

FIGURA 5. Test de transformación linfoblástica

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Estas técnicas celulares requieren un manejo y una infraestructura especial en el laboratorio, ya que implican trabajar con células vivas, por lo que la realización de aquellas debe hacerse de forma relativamente inmediata tras la extracción de la muestra de sangre. Además, se precisa un mayor adiestramiento para su realización, ya que no existe automatización (como ocurre actualmente con las técnicas serológicas, tales como la determinación de IgE específica, triptasa, etc.).

¿Qué significa tener la IgE total alta?

Las cifras de IgE total se elevan principalmente en los pacientes atópicos, aun sin manifestaciones de enfermedad alérgica, o en los que sufren alguna enfermedad alérgica respiratoria, digestiva o cutánea. Los pacientes con dermatitis atópica suelen tener niveles más elevados de IgE total con respecto a otras enfermedades alérgicas. También se encuentran con frecuencia niveles elevados de IgE total en otras situaciones distintas de la alergia, como en las infecciones por parásitos, patologías infecciosas, inflamatorias, neoplásicas o inmunodeficiencias. Además, en la elevación de la IgE total también pueden intervenir factores ambientales como el tabaco y, sobre todo, el alcohol.

No existe una cifra de IgE definida como punto de corte a partir del cual los niveles se consideren anormalmente altos, aunque el 78% de los individuos atópicos presenten niveles superiores a 100 kU/l. Sin embargo, en los niños la IgE total se eleva progresivamente hasta la edad de 10-15 años, y pueden alcanzar cifras de 300 kU/l sin asociarse a ninguna enfermedad.

Es necesario tener en cuenta que el hecho de que aparezca una IgE total normal no excluye la posibilidad de padecer un proceso alérgico. Por tanto, la función principal de la determinación de IgE total en la práctica clínica será apoyar o descartar una sospecha clínica. Es importante considerar que en los pacientes con una sospecha de reacción alérgica, el estudio alergológico se apoye principalmente en las pruebas cutáneas y en la determinación de IgE específica, pruebas de mayor valor diagnóstico que la elevación de la IgE total.

¿Qué significa tener elevada una IgE específica frente a un alérgeno?

La elevación de la IgE específica frente a un alérgeno indica una sensibilización frente a éste y una propensión a presentar síntomas de alergia. La sensibilización frente a un alérgeno no indica de forma irrefutable la aparición in vivo de síntomas de alergia tras el contacto con ese alérgeno en todos los casos. Por ello es necesario comprender su relevancia clínica; es decir si son, o no, causantes de síntomas, por lo que los resultados de los valores de IgE deben ser siempre evaluados por un alergólogo.

Para determinar si una IgE específica es positiva o negativa, normalmente se utiliza como punto de corte el valor 0,35 kU/l, y es esta cifra la que la mayoría de los laboratorios marca como valor de referencia. Sin embargo, los niveles de IgE que se asocian a síntomas dependen de cada alérgeno, por lo que este punto de corte puede ser diferente para cada alérgeno. En general, los niveles de IgE específica para alérgenos inhalados, como por ejemplo el polen o los ácaros del polvo, son superiores a los de los alérgenos alimentarios.

Por otra parte, la presencia de un valor bajo o negativo de IgE específica, especialmente en la alergia a los medicamentos, no siempre excluye la posibilidad de estar sensibilizado, por lo que en algún caso se hace necesario aplicar otro tipo de pruebas diagnósticas complementarias.

¿Cualquier tipo de alergia se estudia con las mismas pruebas de laboratorio?

En función del tipo de reacción alérgica que presente un paciente se aplican diferentes técnicas o pruebas de laboratorio.

En la búsqueda del alérgeno responsable de la alergia a alimentos, se aplica fundamentalmente la determinación de IgE específica frente a los alimentos sospechosos de producir alergia. Otras pruebas tales como la determinación de la IgG frente a alimentos no han demostrado ninguna utilidad en el diagnóstico de la alergia a éstos. En general, las pruebas cutáneas, especialmente aquellas que se realizan con el alimento en fresco (denominadas prick-prick) en lugar de los extractos comerciales —y la determinación de la IgE específica—, frente a los alérgenos sospechosos, pueden ser suficientes para diagnosticar una alergia alimentaria. No obstante, en algunos casos el estudio se puede ampliar con técnicas celulares y/o técnicas más experimentales, tales como el inmunoblot.

En el diagnóstico de la rinitis o asma alérgica, los análisis de sangre que se realizan habitualmente consisten en la determinación de la IgE específica frente a los alérgenos inhalados, que podrían estar implicados en el desarrollo de dicha patología y la determinación de la IgE total.

En el diagnóstico in vitro de la alergia a los medicamentos, la determinación de la IgE es poco válida, ya que su sensibilidad es baja y los fármacos que pueden ser estudiados con esta técnica son muy pocos. Las técnicas celulares como el TAB, en el caso de las reacciones inmediatas, o el TTL, en el caso de las reacciones tardías pueden aumentar la sensibilidad del diagnóstico de la alergia a los medicamentos, aunque como se ha mencionado anteriormente, se requieren laboratorios con experiencia y una infraestructura adecuada. No obstante, para la alergia a los medicamentos, dado que la sensibilidad de todas las técnicas diagnósticas globalmente no alcanza el 100%, en muchas ocasiones es necesario realizar pruebas de provocación con medicamentos in vivo.

¿Se puede predecir la alergia a los medicamentos mediante un análisis de sangre?

No se puede predecir la aparición de una alergia a los medicamentos mediante una prueba in vitro.

La presentación de las reacciones alérgicas a medicamentos, a diferencia de lo que puede ocurrir, por ejemplo, en una alergia a los pólenes o a los ácaros, no está relacionada con antecedentes familiares positivos. Es decir, no parece estar ligada a la herencia.

No hay una prueba de diagnóstico o de posible despistaje in vitro, que permita establecer que un individuo pueda padecer o no una reacción alérgica, ni frente a anestésicos, ni frente a antibióticos, analgésicos u otros. Tampoco las reacciones frente a medios de contraste, que se utilizan en diferentes técnicas de radiodiagnóstico, son predecibles.

Sin embargo, cuando un paciente ya ha presentado alguna reacción alérgica frente a un medicamento, anestésico o medio de contraste, existe la posibilidad de predecir posibles reacciones alérgicas futuras tras la administración de sustancias que contengan estructuras proteicas y/o químicas similares. Algunas de las técnicas in vitro disponibles, tales como el TAB, son capaces de discriminar la respuesta frente a, por ejemplo, diferentes antibióticos betalactámicos o relajantes musculares, prediciendo la posible tolerancia o reacción alérgica a su administración in vivo.

¿Los análisis sanguíneos de alergia pueden evitar realizar pruebas de provocación con medicamentos, alimentos u otros alérgenos?

Desgraciadamente hoy por hoy, las pruebas del laboratorio no pueden eludir en todos los casos la realización de las pruebas de exposición o provocación. Los resultados obtenidos en los análisis de sangre que exploran la alergia no se relacionan con los síntomas que presenta el paciente en todos los casos. Principalmente, en la alergia a los medicamentos, las pruebas in vivo (pruebas cutáneas) junto con las pruebas in vitro no son capaces de detectar el 100% de los pacientes alérgicos, por lo que, en aquellos casos en los que todas las pruebas in vivo e in vitro sean negativas o exista una discordancia entre ellas, será necesario realizar pruebas de provocación para excluir definitivamente la alergia a ese alérgeno, siempre y cuando se realice de forma controlada y excluyendo los casos en los que la reacción alérgica previa haya sido de carácter muy grave.

¿Es indispensable realizar análisis de sangre una vez que se realizan las pruebas cutáneas?

Si bien es cierto que las pruebas cutáneas cuentan con una alta sensibilidad y son económicas y fáciles de realizar, los análisis de sangre en alergología aportan una información adicional que complementa el diagnóstico in vivo en la mayoría de los casos. De hecho, la determinación de la IgE específica presenta una mayor especificidad que las pruebas cutáneas. De tal manera que con las pruebas cutáneas es posible seleccionar a un gran número de pacientes, entre los que se incluirían los verdaderos alérgicos, pero también algunos de ellos que no lo son realmente (falsos positivos), y que con la determinación de la IgE son identificados en un elevado porcentaje. De esta manera, la combinación de ambas pruebas aumenta el rendimiento diagnóstico.

Además, mientras que las pruebas cutáneas no son cuantitativas, la determinación de la IgE específica sí lo es. Es importante destacar que un mayor tamaño del habón obtenido en la prueba cutánea no siempre se relaciona con un mayor nivel de IgE específica.

Así pues, puede decirse que las pruebas cutáneas se complementan con las pruebas en sangre, si bien en aquellas ocasiones en las que no está indicada la pertinencia de las pruebas cutáneas —ya sea por la toma de medicamentos que interfieren con ellas, o por la presencia de problemas cutáneos—, los análisis de sangre serán el único tipo de diagnóstico disponible para el médico.

¿Existen análisis de sangre que permitan valorar la respuesta a un tratamiento alergológico?

En cuanto a la monitorización del tratamiento, especialmente en la inmunoterapia específica con alérgenos, aunque no exista una técnica in vitro capaz de comportarse como marcador de la mejoría clínica que manifiesta el paciente, la determinación de la producción de algunas subclases de anticuerpos, tales como la determinación de IgG4 antígeno-específica, puede considerarse un marcador de respuesta inmunológica protectora, especialmente en la inmunoterapia frente a venenos de himenópteros; es detectable desde períodos iniciales del tratamiento (2-3 meses).

A largo plazo, tras más de 12 meses de inmunoterapia y especialmente con alérgenos inhalados y también con veneno de himenópteros, puede observarse una disminución en la producción de IgE específica, aunque como hemos comentado anteriormente, no se relacione de forma significativa con la mejoría clínica que presenta el paciente.

En cuanto al tratamiento sintomático de los pacientes alérgicos, los antihistamínicos, entre otros, pueden modificar algunas pruebas, tales como el TAB y TLH, inhibiendo la activación de las células en respuesta al alérgeno; por ello es prioritario tomar en consideración este hecho, y suspender el tratamiento antes de realizar las pruebas in vitro, puesto que podrían obtenerse resultados falsamente negativos.

¿Cómo ha cambiado el diagnóstico en sangre en los últimos años?

En los últimos años, han mejorado notablemente las técnicas de determinación de la IgE específica. Actualmente, ofrecen una mayor reproducibilidad y fiabilidad (mejoras ligadas fundamentalmente a la automatización); es posible cuantificar los niveles de IgE que anteriormente se determinaban de forma semicuantitativa (en rangos, desde indetectable hasta muy elevado), y se ha aumentado el número de alérgenos disponibles para la determinación de la IgE. También es reciente la posibilidad de determinar, de forma rápida y sencilla, los mediadores en la sangre, como la triptasa.

Además, se han comercializado las matrices, biochips o microarrays de alérgenos en los que se pueden analizar varias moléculas de IgE específicas frente a un elevado número de alérgenos, de forma simultánea y con poca cantidad de suero.

Sin embargo, el cambio fundamental en los análisis de sangre en alergología ha sido más conceptual que técnico, ya que ha cambiado el significado o concepto del alérgeno. Como ejemplo, inicialmente se identificó el polvo de casa como el alérgeno capaz de producir manifestaciones de alergia (rinitis, asma). Posteriormente, se identificó que el causante de la alergia al polvo realmente era debido a la producción de anticuerpos de la clase IgE frente a un ácaro que se encontraba en ese polvo doméstico. Los ácaros, al igual que los pólenes o los alimentos, están compuestos por numerosas proteínas, algunas de ellas con capacidad de producir una reacción alérgica, mientras que otras son inocuas. El cambio más destacado del diagnóstico alergológico in vitro ha sido la posibilidad de determinar IgE específica que sólo reconoce un pequeño grupo de aminoácidos del alérgeno (epítopos o determinantes antigénicos). Este giro en el diagnóstico ha permitido, por una parte, obtener una mayor precisión en el diagnóstico alergológico; pero también, dar una explicación científica a la obtención de distintos resultados, tras realizar el mismo tratamiento con inmunoterapia, en pacientes con sensibilizaciones similares. Este diagnóstico molecular permite asociar la presencia de determinadas sensibilizaciones a proteínas o componentes concretos, con diferentes manifestaciones clínicas (más o menos graves); o bien explicar algunos fenómenos de reactividad cruzada, tales como los que ocurren cuando un paciente sensibilizado al ácaro del polvo de casa desencadena una reacción alérgica tras la ingesta de una gamba. En la actualidad, sabemos que este hecho es debido a un reconocimiento inmunológico y producción de anticuerpos IgE frente a una proteína muy similar a la del ácaro, presente también en la gamba.

El diagnóstico de las sensibilizaciones frente a proteínas alergénicas, denominado diagnóstico molecular o diagnóstico por componentes, es ya una realidad en las consultas de Alergología. Sin embargo, el tratamiento con inmunoterapia con esta precisión todavía no está disponible comercialmente, si bien es cierto que en algunos ensayos de investigación se está aplicando inmunoterapia compuesta por algunas proteínas alergénicas, responsables de la reacción alérgica que presenta el paciente.

Resumen

  • Los análisis de sangre o pruebas de laboratorio para el estudio de la alergia tratan, por una parte, de confirmar la existencia de una reacción alérgica, cuantificando los mediadores liberados en ésta y evaluando el tipo de anticuerpos; y, por otra, de identificar el alérgeno causante de la reacción, para así poder establecer una relación causa-efecto.
  • Estos análisis in vitro se pueden realizar mediante la determinación de inmunoglobulinas desencadenantes de la reacción alérgica (IgE), que es la técnica más frecuentemente utilizada, o bien estimulando células que participan en la reacción alérgica, aisladas de la sangre, con el alérgeno sospechoso de la reacción in vivo, y valorando si se produce una respuesta inmunológica que explique o confirme la reacción alérgica que presenta el paciente.
  • La positividad de los análisis de sangre o pruebas de laboratorio frente a un alérgeno concreto o frente a una de sus proteínas o componentes, indica la presencia de una sensibilización a dicho alérgeno. Es decir, una propensión, no la obligación, a desarrollar una reacción alérgica.
  • Por otro lado, es importante tener también en cuenta que la negatividad de los análisis de sangre o pruebas de laboratorio frente a un alérgeno no excluye la existencia de una sensibilización a dicho alérgeno.
  • Es necesario complementar los análisis in vitro con las pruebas in vivo, y siempre relacionarlas con los síntomas que presente el paciente; por lo que el papel del médico especialista en Alergología es fundamental para la indicación y evaluación correcta de todas las pruebas.

Bibliografía

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